Debemos avanzar más allá del neoliberalismo en la era posterior a la COVID

World Economic Forum Founder and Executive Chairman Klaus Schwab calls for a new kind of capitalismImage: REUTERS/Denis Balibouse
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  • La COVID-19 ha sacudido al mundo como no lo había hecho desde las guerras mundiales, y afecta a todos los aspectos de la vida humana.

  • Para el desarrollo sostenible del planeta, es fundamental que nuestra recuperación priorice formas nuevas y más ecológicas de hacer negocios.

  • El «Gran Reinicio» ofrece la oportunidad de reevaluar las vacas sagradas del sistema prepandémico, pero también de defender valores arraigados desde hace mucho tiempo.

Ningún acontecimiento desde el fin de la Segunda Guerra Mundial ha tenido un impacto global tan profundo como la COVID-19. La pandemia ha desencadenado una crisis sanitaria y económica de una magnitud nunca vista en generaciones y ha agravado problemas sistémicos como la desigualdad y las rivalidades entre grandes potencias.

La única respuesta aceptable ante una crisis de este tipo es impulsar un «Gran Reinicio» de nuestras economías, nuestra política y nuestras sociedades. En efecto, este es un momento para reevaluar las vacas sagradas del sistema prepandémico, pero también para defender ciertos valores arraigados desde hace mucho tiempo. La tarea que tenemos por delante es preservar los logros de los últimos 75 años en una forma más sostenible.

En las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, el mundo avanzó de forma sin precedentes en la erradicación de la pobreza, la reducción de la mortalidad infantil, el aumento de la esperanza de vida y la expansión de la alfabetización. Hoy, la cooperación internacional y el comercio, que impulsaron la mejora de estas y de otras muchas medidas del progreso humano tras la guerra, deben mantenerse y defenderse frente al renovado escepticismo sobre sus méritos.

Al mismo tiempo, el mundo también debe seguir centrado en el asunto definitorio de la era prepandémica: la «Cuarta Revolución Industrial» y la digitalización de innumerables actividades económicas. Los avances tecnológicos recientes nos han proporcionado las herramientas necesarias para afrontar la crisis actual, incluido el rápido desarrollo de vacunas, nuevos tratamientos y equipos de protección personal. Tendremos que seguir invirtiendo en investigación y desarrollo, educación e innovación, al tiempo que levantamos salvaguardas frente a quienes puedan hacer un mal uso de la tecnología.

Pero otros dogmas de nuestro sistema económico global deberán reevaluarse con mente abierta. Entre ellos, el principal es la ideología neoliberal. El fundamentalismo de libre mercado ha erosionado los derechos de los trabajadores y la seguridad económica, ha desencadenado una carrera desreguladora hacia el abismo y una competencia fiscal ruinosa, y ha propiciado la aparición de enormes nuevos monopolios mundiales.

Las normas de comercio, fiscalidad y competencia que reflejan décadas de influencia neoliberal tendrán ahora que revisarse. De lo contrario, el péndulo ideológico, que ya está en movimiento, podría oscilar de nuevo hacia un proteccionismo a gran escala y otras estrategias económicas en las que todos pierden.

En concreto, tendremos que reconsiderar nuestro compromiso colectivo con el «capitalismo» tal como lo conocemos. Obviamente, no debemos prescindir de los motores básicos del crecimiento. Debemos la mayor parte del progreso social del pasado al espíritu emprendedor y a la capacidad de crear riqueza asumiendo riesgos y desarrollando nuevos modelos de negocio innovadores. Necesitamos mercados que asignen de forma eficiente los recursos y la producción de bienes y servicios, sobre todo cuando se trata de afrontar problemas como el cambio climático.

Pero debemos repensar qué entendemos por «capital» en sus múltiples formas, ya sea financiero, ambiental, social o humano. Hoy en día, los consumidores no quieren simplemente más y mejores bienes y servicios a un precio razonable. Más bien, cada vez esperan más que las empresas contribuyan al bienestar social y al bien común. Existe tanto una necesidad fundamental como una demanda cada vez más extendida de un nuevo tipo de «capitalismo».

Para reconsiderar el capitalismo, debemos reconsiderar el papel de las empresas. Un/a precursor/a temprano/a del neoliberalismo, el economista galardonado con el Premio Nobel Milton Friedman Milton Friedman sostenía (citando al expresidente estadounidense Calvin Coolidge) que «el negocio de los negocios es el negocio». Pero cuando Friedman impulsó la doctrina de la primacía de los accionistas, no consideró que una empresa que cotiza en bolsa pudiera ser no solo una entidad comercial, sino también un organismo social.

Además, la crisis de la COVID ha demostrado que las empresas que invirtieron en fortalecer su vitalidad a largo plazo han estado mejor preparadas para capear el temporal. De hecho, la pandemia ha acelerado el cambio hacia un modelo de «stakeholders» del capitalismo empresarial, siguiendo la adhesión que la Business Roundtable de Estados Unidos hizo de este concepto el año pasado.

Pero para que las prácticas empresariales más conscientes desde el punto de vista social y ambiental se consoliden, las empresas necesitan directrices más claras. Para satisfacer esa necesidad, el Consejo Empresarial Internacional del Foro Económico Mundial ha elaborado un conjunto de «Métricas del Capitalismo de Stakeholders», para que las empresas puedan alinearse en la forma de evaluar el valor y los riesgos.

Si la crisis de la COVID nos ha enseñado algo, es que los gobiernos, las empresas o los grupos de la sociedad civil que actúan por separado no pueden hacer frente a los desafíos sistémicos globales. Debemos derribar los compartimentos estancos que mantienen separados estos ámbitos y empezar a construir plataformas institucionales de cooperación público-privada. Igual de importante es que las generaciones más jóvenes participen en este proceso, porque, por definición, se trata del futuro a largo plazo.

Por último, debemos intensificar nuestro esfuerzo por reconocer la diversidad de trayectorias, opiniones y valores de los ciudadanos en todos los niveles. Cada uno de nosotros tiene sus identidades individuales, pero todos pertenecemos a comunidades locales, profesionales, nacionales e incluso globales, con intereses compartidos y destinos entrelazados.

El Gran Reinicio debe procurar dar voz a quienes se han quedado atrás, para que todas las personas dispuestas a «coconstruir» el futuro puedan hacerlo. El reinicio que necesitamos no es una revolución ni un giro hacia una nueva ideología. Más bien, debe entenderse como un paso pragmático hacia un mundo más resiliente, cohesionado y sostenible. Algunos de los pilares del sistema global deberán sustituirse, y otros repararse o fortalecerse. Para lograr un progreso, una prosperidad y una salud compartidos no se requiere nada más, ni nada menos.

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